Costumbres…

Ya estamos otra vez montando el árbol y el belén… ¿Ya?. ¡Pero si apenas hace un rato que lo recogimos el pasado mes de enero!

Belen 2024

Hay que ver qué manido está hablar del paso rápido del tiempo… y de la vida. Infinidad de veces habremos leído sobre el tema cayendo en los mismos tópicos. ¿verdad? … Pues por éso no voy a hablar de ello ahora.

Y es qué ya me vale… un año sin dedicarle un rato a este pobre blog… y es que cuándo llegan las navidades siempre ocurre lo mismo…. justo en torno a la fecha de la lotería, el 22, todos nos recogemos en nuestros hogares, supuestamente con la familia, la que vemos todos los días, pero también con suerte la que vemos menos… y nos dedicamos a enviar y contestar felicitaciones a diestro y siniestro, para luego recordar, si nos dejan, a los que ya no están con nosotros y rememorar el tiempo, -la vida- pasada. Y ya he vuelto a caer en el tópico… Y no voy a hablar tampoco (¡más!) de ello.

Ahora tendría que caer en lo de los mejores deseos para el año nuevo, y la salud y la nuevas prácticas.. lo del ejercicio, el gimnasio, el peso y el colesterol… Pero no. tampoco voy a hablar de éso.

Cena navideña familiar Madrid 1968

Y .. ¿entonces? 1

Vamos con unas batallitas..

La toalla

Hace un rato, en la ducha, secándome la espalda de manera mecánica y siguiendo una rutina grabada ya en la memoria profunda, recordé vívidamente cuándo aprendí esa forma especial de manejar la toalla.

En Almería, en las vacaciones familiares en el mes de julio de 1970.

El Palmer, Almería 1970

El mes anterior había acabado el segundo curso del Bachillerato Elemental que estudié, como los anteriores, en la academia OLMAR que estaba cerca de casa. Al no estar reconocida oficialmente, al terminar cada curso, teníamos que examinarnos de todas las asignaturas en el instituto oficial, en nuestro caso en el vetusto «Cardenal Cisneros» que sigue por Noviciado en el centro de Madrid.

Igual que en primero de bachiller, aprobé todo en junio, todo memos la gimnasia, asignatura que suspendí de nuevo (tenía pendiente también la de primero) quedándome pendiente para recuperar en septiembre.

¡Y es que eso de la voltereta, el potro y sobre todo el plinto siempre fue demasiado para mi!2

El tema era demasiado y mi padre, en aquellos quince días de vacaciones, me obligó a asistir por las mañanas a «clases particulares» en un gimnasio, mientras el resto de la familia se iba a la playa.

Allí fue, en aquel gimnasio almeriense, dónde el instructor tras los ejercicios y la ducha me enseñó a secarme la espalda de la práctica forma que, desde entonces, empleo.

Por cierto, en septiembre volví a suspender la dichosa gimnasia… que no recuperé, junto con la de primero, hasta la convocatoria de junio del año siguiente, 1971, en el que hacía tercero de bachiller, ya en Valdeluz con los padres agustinos, y de la mano del profesor Baltasar Sanz Gadea (que sin duda fue compasivo conmigo).

Mano izquierda

Soy zurdo, un zurdo autocorregido y ambidextro para muchas cosas gracias a ello. Nunca supe, sin pensarlo antes, distinguir mi mano derecha de la izquierda. Pero una cicatriz vino a facilitarme la labor.

Fue antes, cuando vivíamos en Bilbao en 1965 o 1966. En Begoña, cerca del ahora en desuso ascensor del mismo nombre que facilitaba el acceso desde el casco viejo al barrio. Entonces había en los alrededores algunos descampados y huertas donde los chavales y chavalas jugábamos a la pelota, o las chapas, o matar ratas o a la comba y a la goma, según el grupo y el momento. Y un día, no recuerdo como, jugando con otros amigos cerca del estanco, con un culo de una botella rota me pegué un buen corte en el dedo índice de la mano izquierda.

La estanquera, una señora decidida y de armas tomar (condición imprescindible para regentar un establecimiento como aquél en aquellos años) a la que recurrimos asustados ante lo aparatoso del corte y la mucha sangre que de la herida salía, al verme, como si lo hiciera todos los días, sin alterarse, me metió en la cocina de la trastienda y en una de aquellas pilas redondas de piedra artificial, que junto con la cocina económica de carbón equipaban aún muchos de los hogares españoles de la época, con agua fría me lavó la herida, para después coger el bote de la lejía y con un buen chorreón desinfectarla antes de taparla con un apretado vendaje.

No recuerdo haber ido después a la Casa de Socorro ni que me dieran puntos de sutura ni ninguna cura adicional. Hoy, 60 años después, la cicatriz sigue siendo perfectamente visible, lo que ha sido siempre muy útil para averiguar «cual es mi izquierda».

En los jardines de la Basílica de la Virgen de Begoña 1966

Maniobras al volante.

Precisamente, esa dificultad a la hora de identificar correctamente cual es la izquierda y cual la derecha, hizo que no aprobara, a la primera (ni a la segunda) la prueba práctica del examen para obtener el carnet de conducir, allá por la calle de la Virgen del Puerto en dónde, en 1976, se realizaban en Madrid los exámenes, después de dar un buen número de clases prácticas en la autoescuela.

Mi profesor de prácticas de la autoescuela, que había sido camionero, me daba las clases en un seiscientos preparado para aquella función, de aquellos que abrían las puertas hacia atrás y tenían la primera sin sincronizar, de manera que para reducir a la primera desde una marcha superior, tenías previamente que parar el coche completamente.

Cuando me enseñaba las maniobras para aparcar, siempre se empeñaba en que cogiera el volante con la mano vuelta por dentro del volante para ejercer más fuerza en los giros marcha atrás, justamente como había que hacer necesariamente en los viejos camiones, sin servodirección, o en aquél seiscientos que tampoco lo tenía. Y aquello lo aprendí de tal forma que, instintivamente aún hoy así lo hago, aunque las modernas ayudas a la dirección lo hacen completamente innecesario.

En la Pedriza con nieve. 1976

Costumbres

Cada una de estas historias, y podría contar alguna más, vienen al caso para ilustrar cómo a lo largo del tiempo de nuestra vida, determinadas experiencias nos marcan y nos graban en la memoria pautas y rutinas que permanecen en nuestro día a día, que se hacen costumbre y pasan a formar parte de nuestros hábitos automáticos. Y así, en ocasiones, al salir de la ducha, al buscar nuestra izquierda o al girar el volante.., como también al llegar estas fechas navideñas y poner sistemáticamente, una vez más, el belén o el árbol, a veces las recordamos.


  1. Hasta este punto escribí en diciembre de 2023, hace justo dos años… y es que la historia vale igual. El tiempo pasa pero las circunstancias se repiten idénticamente, al menos con nuestra perspectiva limitada… ↩︎
  2. Hay que decir, en mi descargo, que en la academia no había gimnasio ni se practicaba en todo el curso, solamente unos días antes de los exámenes, en un descampado con unas colchonetas, un potro y un plinto prestado se enseñaban los ejercicios, lo cual era más que suficiente para la mayoría de mis compañeros, pero no para mi. ↩︎

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Diciembre 2024. Gertrudis

Desconocíamos que la Diputación de Cádiz había editado un calendario feminista para este 2024 en el que dedica cada página del mismo a reseñar la figura de catorce mujeres, elegidas de todos los tiempos, que destacaron durante su vida protagonizando las «raíces feministas de la provincia».

El mes de diciembre está dedicado a nuestra abuela.

Gracias a mi prima María Elena y algún otro vecino de Algodonales (Iris Participa Algodonales), que lo publicó en su cuenta de Facebook nos enteramos nosotros, sus nietos, residentes en los madriles, al comenzar el susodicho mes. Menos mal.

Y es que el Área de Servicios Sociales, Familia e Igualdad de la Diputación de Cádiz* editó este curioso calendario para este año 2024, con la breve biografía de estas catorce señaladas mujeres. El calendario lo podeis ver y descargar completo en este enlace. También comentó la hoja de diciembre en sus redes.

De nuestra abuela hemos hablado en varias ocasiones en este blog, pero las demás heroínas merecen ser mencionadas también aquí:

  • Junia Rufina. Tarifa, siglo I-II d.C. Destacada mujer que habitó en la Baelo Claudia romana.
  • Catalina Rodríguez. Sanlúcar de Barrameda, s. XV-s. XV ó s. XVI. Comerciante y una de las sólo cuatro mujeres con nombre propio que zarparon a establecerse en America en el segundo viaje de Colón.
  • María de Aranda. Cádiz, 17.. – 17 .. Regentó varias imprentas en Cádiz que publicaron numerosos libros científicos, militares y religiosos muchos de ellos destinados a Nueva España.
  • María Gertrudis Hore Ley. Cádiz, 1742-1801. Casada en un matrimonio de conveniencia ingresó posteriormente en un convento gaditano y se convirtió en una de las poetas más interesantes y modernas del siglo XVIII.
  • María Josefa de la Piedra de Martínez. Cádiz, 1775 – Madrid, 1858. Naturalista, erudita y destacada botánica promotora entre otras iniciativas de un centro de estudio para la Botánica y la Agricultura en Sanlucar.
  • Victoria Martín Barhié. Cádiz, 1794 – 1869. Esta artista gaditana fue la primera mujer académica de mérito de la Nacional de Santa Cristina.
  • Alejandrina Gessler y Shaw. Cádiz, 1831 ő París, 1907. Pintora y escritora, también primera mujer académica en Bellas Artes de San Fernando y miembro de honor del ateneo de Madrid.
  • Rafaela Dorado Ayala. Alcalá del Valle, 1874 – Morón de la Frontera, 1936. Con su esposo e hijos explotaban tierras arrendadas primero y luego en propiedad destacando en la mecanización de las labores. Fue asesinada en agosto de 1936 junto con su marido y dos hijos.
  • Concepción Pérez Baturone. San Fernando, 1884 – 1966. Administrativa y desde 1924 fue académica de honor de la Academia Hispanoamericana de Cádiz, académica de la de San Romualdo en 1954. También periodista, llegando a ser Delegada de la sección de prensa y propaganda de Falange.
  • Mercedes Gaibrois Riaño. París, 1891 – Madrid, 1960. Esta historiadora fue la primera mujer miembro de la Real Academia de la Historia. Dedicó buena parte de su investigación a la figura de Guzmán el Bueno y a la defensa de Tarifa.
  • Rosa Herrera Montenegro. Jerez de la Frontera, 1891 – 1977. Obtuvo su título en la Universidad Central en 1919 con una doble licenciatura: Farmacia y Ciencias Naturales. De 1923 a 1925 se encargó de la dirección de prácticas del Laboratorio de Química de la Residencia de Señoritas. Fue becada por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Ejerció como profesora de segunad enseñanza y se exilió en Francia tras la Guerra Civil.
  • Porfiria Sanchiz Fernández de la Poza. Sanlúcar de Barrameda, 1909 – Madrid, 1983. Actriz y pianista que destacó por sus interpretaciones tanto en teatro como el cine.
  • Francisca Pizarro Torres. Alcalá de los Gazules, 1910 – 1989. Casada joven, sufrió represión y tortura durante la guerra civil siendo encarcelada con su hija, por el compromiso político de su esposo Manuel Vera Jiménez.
  • Gertrudis Ríos Marín, Algodonales, 1901 – La Línea de la Concepción, 1936. Nuestra abuela, de la que nos gustaría saber mucho más. Ya hemos escrito sobre ella y nuestro abuelo, así como de nuestra tía Portala, personaje fundamental que hizo posible que nuestro padre llegara a formar nuestra familia. Seguiremos investigando sobre ellos y particularmente sobre los años que vivieron en la Línea desde 1926 a 1936 en los que pudieron desarrollaron sus profesiones e interactuaron con la sociedad linense.

(*) Queremos dejar aquí constancia expresa de nuestro agradecimiento por esta distinción a la Diputación de Cádiz

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Aquellos viejos papeles…

Todos, en algún momento, hacemos limpieza en casa. Y no me refiero a barrer, fregar o sacar lustre a los muebles, sino a ese temido momento en el que de manera decidida amontonamos en una pila muchos viejos papeles, cuadernos, agendas y documentos de todo tipo, que en algún momento fueron importantes, valiosos o simplementes curiosos y se quedaron ocupando un lugar en alguna estantería o armario en dónde, ahora, molestan.

En una primera fase de ese «impulso» todo aquello pasa a ocupar un montón en un lugar «menos molesto», para liberar el buscado nuevo hueco. «Luego lo miraré…», nos decimos. Con suerte, en algún otro momento, si el nuevo impulso no nos lleva a tirarlo todo a la basura sin más revisión, tomamos el primer documento de la pila y lo miramos con algún detenimiento… ¡ah esto era…si..el informe final del proyecto tal o cual!. O si se trata de una foto… ¡anda mira la jubilación de Pérez,… mira qué jovenes…si y éste otro…¿cómo se llamaba?…!.

Y tras un minuto de duda lo volvemos a dejar donde estaba, o en el fondo de una nueva pila esperando una nueva revisión… si llega.

Confieso que no tengo remedio. Todo me parece interesante.

Es inabarcable. La vida humana, la de cada uno de nosotros, es un «pis-pás» en la imncomensurable eternidad del tiempo y el espacio, pero en lo «micro» se me antoja que es tambien inmensa. En cada minuto de nuestra vida, continuamente dejamos pruebas y testimonios de nuestra actividad, de nuestros pensamientos y de nuestro paso por ella. Sin duda, ¿afortunadamente? sólo una ínfima parte de esas pruebas o testimonios del tipo que sean, sobrevive (¿vive?), quiero decir perdura más allá de unos momentos… desvaneciendose después. Sin embargo, esos otros pocos testimonios quedan ocultos (o no) y se preservan de manera indefinda o al menos por un tiempo largo a nuestros ojos «humanos».

¿Quién no ha guardado algunas cosas en una caja de puros?

Esto que ha sido así siempre pero ahora, en la era de la información, se viene multiplicado exponencialmente. Esos «viejos papeles» conservan pedacitos del puzzle de nuestras vidas… y con ellos se pueden construir historias.

Aquí un caso práctico.

En la época de nuestros padres (el que escribe es sesentón) se usaban las agendas, no las electrónicas, si no en papel, y era habitual que las grandes empresas la regalaran a sus empleados y clientes a final de cada año. Muchas he tirado sin estrenar, pero otras contienen un pequeño tesoro si sabemos mirar…

El otro día me encontré con una cuantas de las que editaba el Banco de Vizcaya en los años 60 del siglo pasado y que mi padre empleó y conservó en una caja de «Montecristos». Y en la tesitura de qué hacer con ello… abrí una al azar…

«R-4 SUPER»

Aquél martes 5 de abril de 1966 dedicado según el santoral a San Vicente Ferrer, yo tenía 8 años y vivíamos en Bilbao, mi padre pagó 10.000 pesetas por el encargo de su primer coche un «cuatro latas» modelo R4 Super. En seguida pensé ¿cuánto valdría el coche completo?, pues sin duda esto sería solo una parte del total.

Sin pensarlo más recurrí a Google… «precio R4 en 1966, pero después, entre los papeles de otro montón, lo encontré, los recibos de los pagos del coche perfectamante conservados, ahí están…

Exactamante aquél primer coche le costó a mis padres 112.060 pesetas de entonces. No vale calcular cuantos euros son ahora pues hay que tener en cuenta el incremento de costes (la inflación entonces era brutal -casi como la de ahora-). Mejor comparar con el salario mínimo que se incrementó en 1967 hasta las 2.500 ptas/mes (en 1963 cuando se fijó por primera vez eran 1.800 ptas/mes) anualmente eran 30.000 ptas. es decir el R4 L SUPER costaba en aquellos años casi cuatro veces la anualidad de un salario mínimo.

Por hacer el ejercicio completo, en 2022 el SMI (Salario Mínimo Interprofesional) alcanzó los 1.000 €/mes (14.000 € al año) y un coche equivalente viene a costar menos de 12.000 € es decir menos de un salario mínimo anual. En conclusión, en proporción, comprarse un coche tipo «cuatro latas» en 1966 era cuatro veces más costoso que en la actualidad.

Pero sigamos con la agenda…

Pasando hojas adelante encontramos más pistas. Y alguna desconcertante.

Por cierto aquél 1 de Mayo, San Jose Obrero, hice la primera comunión… y eso no quedó apuntado en la agenda.

El 10 de mayo, S. Antonino, leémos «Examen Conducir»… ¡ojiplático me quedo!… ¡¡así que habiendo ya pagado parte del coche, aún no tenía carnet de conducir!! ¡Vaya con mi padre!

Me consta que aprobó a la primera, y asi lo pude comprobar encontrando su viejo permiso de conducir, en otra caja de puros, fue expedido unos días después con fecha del 27 de mayo. ¡Ufff!

Y mientras esperaba el carnet definitivo completó el pago del coche al concesionario el 23 del mismo mes.

Y por fin, el 16 de junio, S. Juán Francisco de Regis, teníamos el coche casi dispuesto y matriculado BI-89842, con su número de motor y de chásis que mi padre apuntó en su agenda, pero hubo que esperar al lunes siguiente, S. Silverio, para la entrega.

La primera semana del R4con

Con 18 km en el cuentakilométros nos lo entregaron, el rodaje previo, y se llenó el depósito con 25 litros de gasolina. Serían del tipo «super» o «normal», no sabemos, pero sin duda «con plomo», pues entonces no había de otra…

Y como consta en la vieja agenda, la primera semana se rodó el nuevo vehiculo hasta los 460 km que se indica el sábado, para lo que hubo que añadir otros 15 lítros de combustible y además, suponemos que cumpliendo las indicaciones del fabricante, cambiarle el aceite motor antes de los 500 km. (por 80 ptas.). ¡Qué cosas!

Tampoco está en la agenda, se ve que en los dias festivos se quedaba relegada, pero recuerdo que en la misma parroquia en la que hice la comunión, de la Santa Cruz, el nuevo coche fue «bendecido» por el parroco, Don Juán, que salía del templo con el hisopo de agua bendita, en lo que ahora nos parecerá una ceremonia fuera de lugar o cuanto menos curiosa, efectivamante propia de aquellos tiempos.

Muchas cosas no sugieren estos datos y nos llaman la atención. Por ejemplo el corto plazo para conseguir el carnet de conducir, en apenas un mes.

Con aquél primer coche familiar y durante los cuatro años que lo tuvimos (se le harían casi 70.000 kms, y en 1970 fue sustituido por un «moderno R6»), pudimos visitar a toda la familia y realizar muchos viajes tras nuestra vuelta a Madrid.

Y aprovechando que aquél mismo año en un viaje a Canarias, mi padre se compró su primera máquina de fotos, una Yashica que todavía andará por algún cajón… aquí las fotos que he encontrado del R4 (podéis verlas en modo galería pinchando en una de ellas).

En fin, es lo que pasa cuando se quiere poner «orden en casa» y tirar viejos papeles… al final termina uno sacando viejas fotos… y contando batallitas.

¡Ya sabéis si queréis limpiar tirarlo todo sin mirar…!

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Contacto (con tacto)

Una vez al año… ¡al menos!

Veo que desde hace justo un año no publico nada en este blog, y es que el otro en el que colaboro junto con Pablo y Emilio no me deja casi tiempo… Cómo decía aquél … es que la vida del jubilado es muy estresante. Y no es por falta de ideas para escribir en éste, más personal y «trascendente».

Foto Shutterstock | Albert-Canalejo

Uno de los aspectos más afectados por la “nueva normalidad” es la pérdida del contacto físico entre las personas… sé que en estos momentos hablar de ello puede ser «transgresor», pero ya estamos un poco hartos de ser siempre tan cumplidores…

Lo necesitamos. Y mucho.

Tocarnos, acariciarnos, abrazarnos, achucharnos,…

Siempre me gusta recordar lo importante que es dar la mano, besar, abrazar y acariciar a nuestros mayores, a nuestros padres, tíos y abuelos, …. en cualquier momento, y sobre todo en la vejez y en la enfernedad. Cuán horrible es esa «asepsia» hospitalaria mil veces acentuada por la pandemia que impide cualquier contacto. Infinita pena no poder tocarlos. No perdamos nnguna ocasión de hacerlo.

Foto «La Marina Plaza»

Me recordó este tema la lectura del blog El Riorosa y en concreto su entrada «El infierno y los masajes» en la que se comenta el enorme valor terapeutico de los masajes, del contacto. Me gustaría ser participe en esas experiencias… en esos masajes.

Apenas hace un par de años que descubrí lo agradable y relajante que es el masaje. Eso de ser tocado, acariciado, masajeado, en nuestra cultura del pecado que tanto nos inculcaron, aún es una práctica poco extendida… y que genera mucho rechazo.

No es necesario insistir en los beneficios del masaje como terapia de sanación de muchos males físicos, está todo escrito. Y también como medio de tranquilizar nuestra mente y conseguir el relax y el descanso que nos permita exhudar el stress diario… O también, ¿porqué no?, por darnos el gusto placentero de la simple celebración de ser y estar vivos, erotismo puro…

Es la magia del tacto, del contacto con otra persona que se esfuerza en transmitir su mensaje con la acción de sus manos.

En estos tiempos de mascarillas, «distancia social», whatsapp, videoreuniones y aislamiento en suma, el contacto físico está siendo condenado a la desaparición…

Hay que preocuparse por que los niños y jovenes de la actualidad no interioricen esta carencia como normal, hay que enseñarles a que «tocar» a sus semejantes, siempre en las condiciones de respeto fundamentales, es decir -con tacto-, no solo es deseable sino beneficioso e imprescindble para una equilibrada y madura relación social.

Besos y abrazos.

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¿Liturgia o espontaneidad?

Escribo esto a principios de las navidades del año 2020 (el ¿primero? de la pandemia). Por sugerencia de mi mujer, estoy montando el árbol de navidad y para ponerme en situación, me he puesto un “youtube” de “christmas song’s” (hay que ponerlo justo en inglés para que no os confundáis con nuestros villancicos…, mucho menos “exultantes” y generadores de endorfinas).

Fiesta. Foto Internet

Y en esta tesitura … pienso en lo curiosos que somos los humanos. Ya lo destacan Harari y otros autores, en sus libros y lo hemos comentado aquí antes. Ya lo dice la “liturgia” de estos días: felicitaos todos, quereos mucho, alegraos más, amaos, reunios, regalaos, y también acordaos de los demás (aunque eso quizás un poco menos) …

Todos esos sentimientos y buenas sensaciones, tienen que ser así y ahora. Es una explosión colectiva de jubilo y emociones ¡a la orden!

Siempre me ha irritado esa falta de espontaneidad “navideña”, “la felicidad por coj…”. Y no estoy hablando de la comercialización de las fiestas que viene a ser un añadido factor multiplicador de la irritación mencionada.

Sin embargo, los años que uno ya calza nos enseñan muchas cosas al respecto. La espontaneidad existe… ¿existe?.

Un día para todo… «a fecha fija». Busqueda en Google

¿Qué ocurriría si las fiestas, o cualquier otro evento periódico de los que llenan nuestros calendarios, -ahora todos los días lo son de “algo”-, fueran “espontáneos”? Pues que no se celebrarían.

No tendríamos fiestas, ni celebraciones, ni fechas señaladas… ni sus ritos.

Definitivamente, la espontaneidad no existe, al menos en éstos asuntos.

El término liturgia, copiando de la wikipedia, proviene del latín liturgīa (liturguía), que a su vez proviene del griego λειτουργία (leitourguía), con el significado general de «servicio público», y literal de «obra del pueblo». Y como siempre las palabras nos dicen mucho.

Realmente la sociedad necesita de la liturgia, de los ritos a fecha fija que el calendario nos recuerda. Si no estamos perdidos.

Si dejaramos a la espontaneidad la celebración o el recuerdo de algo o de alguien, la renovación de nuestros compromisos, o la fiesta de cumpleaños seguro que pocas veces lo haríamos. Y lo necesitamos.

Necesitamos celebrar y recordar y renovarnos periodicamente. Y por eso, aunque tengamos que superar nuestra pereza inicial, y nos moleste lo de «a fecha fija» ,… bienvenida sea esa liturgia del calendario de celebraciones sociales que al fin al cabo es natural como la vida misma* y los humanos la venimos practicando desde la noche de los tiempos…


(*) Y probablemente originada en última instancia por la inclinación del eje de la Tierra, aunque de esto podríamos hablar en otra ocasión.

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